LA VARA QUE LO MIDE TODO

 

 

La exacta medida para valorar las cosas parece ser una virtud tan difícil de aplicar que normalmente se nos escapa de las manos. Esta actitud, tan humana, está presente en nuestra vida a diario y la podemos encontrar, por ejemplo, en la valoración que se hace de algún problema, suceso o noticia, en alguno de los medios de comunicación, como la televisión.

 

Hace algunos días me encontraba disfrutando de un excelente partido de fútbol entre los equipos del Real Zaragoza y el Sevilla. Ambos, ubicados en los primeros lugares de la tabla del campeonato de fútbol español, brindaron un espectáculo maravilloso, emocionante, lleno de jugadas trepidantes y de una intensidad que por momentos me dejaba sin aliento.

 

Casi al final del partido, cuando se estaban jugando minutos de descuento, Diogo, excelente jugador uruguayo y marcador derecho del equipo zaragozano, pisó, creo que involuntariamente, la mano del delantero brasileño Luis Fabiano, que ante el hecho le recriminó, se le acercó hasta casi besarlo en la boca sin dejar de clavarle la mirada, lo cual no hizo más que encender los ánimos hasta que, finalmente, ambos jugadores terminaron trenzándose a golpes (aunque realizando un análisis mas “técnico” la mayoría de ellos al aire).

 

El hecho ha sido fuertemente criticado. Se han lanzado todo tipo de epítetos y de juzgamientos de todo calibre ante este hecho, el cual, no me cabe la menor duda, se fue gestando casi desde el inicio del partido, jugada a jugada, gota de sudor sumada en cada intervención, en donde uno defendía y el otro atacaba. Se ha insistido mucho en que este hecho, lamentable porque no podemos solucionar nuestros problemas a golpes, ha dado un pésimo ejemplo a la niñez, que en muchos casos ve a los jugadores como héroes y ejemplos a seguir. No estoy seguro si un jugador de fútbol, un ser humano al fin y al cabo, con mucho de cobertura mediática, pueda servir de referente para alguien, y en todo caso me gustaría muchísimo que en la misma medida se ubicaran todos los investigadores, científicos, escritores, artistas, activistas por los derechos humanos y por la ecología que hacen cosas tanto o más importantes para la humanidad.

 

Pero volvamos al tema de la violencia. La pelea, en medio de un campo de fútbol y a la vista de los miles de espectadores que fueron a presenciar el partido en directo, así como de los otros que lo estaban viendo desde sus televisores, fue un acto violento, de eso no cabe la menor duda. Dos hombres agarrándose a golpes, sin más armas que sus propias manos y su rabia contenida. Se ha sancionado a ambos jugadores con varias fechas de suspensión y los dos han pedido disculpas por su comportamiento.

 

Nuestros niños han sido demasiado contaminados con esta acción violenta? Su psiquis ha sido puesta en peligro? Su sensibilidad ha sido demasiado afectada?. Debemos de cuidar con celo la cantidad de información violenta que consumen nuestros niños porque sus cerebros, en continuo crecimiento, van creando nuevas redes neuronales, nuevas y maravillosas sinapsis y este es un hecho obvio que cualquier padre debería conocer.

 

Utilizando el mismo criterio quisiera preguntar si el contenido de la televisión está exenta de contenido violento. Cuántos programas en horario “protegido” contienen violencia explícita o implícita?. Y el resultado es tan agobiante que nos cuesta mucho reconocerlo. En la programación abundan series en dónde el poder, el ganar, el acumular a como de lugar, son valores que se entregan y que se quedan grabados en esos pequeños cerebros y sensibilidades. Cuánto del contenido que los niños consumen en Internet, desde esa maravillosa pantalla de computadora que los conecta al mundo, tiene imágenes, información u opiniones violentas? Mucho más de lo que nos imaginamos. Estamos y están los medios tan atentos a todo esto como a la pelea entre dos jugadores de fútbol?.

 

Cuántos de los video juegos son de carácter violento?. No dudo que más del 90% de los juegos de este tipo lo son y eso es una realidad mucho más importante. En resumidas palabras, nuestros niños consumen en su mayoría información “basura”, millones de bytes de frialdad, muerte, desgracia e inhumanidad. Un video juego ayuda a que un niño desarrolle su motricidad pero conectado permanentemente a esa realidad virtual se hunde en un proceso de separación de la sociedad que no tiene ningún tipo de beneficio. Esas imágenes de muerte y desolación, esa adrenalina por la aniquilación, se quedará grabada permanentemente en sus cabecitas y crecerá con ellas. De tal modo que cuando vea una desgracia de “verdad” no lo sorprenderá demasiado porque ya ha visto suficiente sangre y vísceras desparramadas.

 

Casi la totalidad de estos juegos son para destruir…cuántos de ellos son para construir?.

 

Y qué podemos decir de los noticieros? Más del ochenta por ciento de su contenido diario es para contar muertos y resumir desgracias, un diez por ciento se va en noticias sobre economía y lo que queda se reparte entre noticias “positivas” y el resumen del estado del clima. No es esto mucho más violento?. Es innegable que todos los hechos que se nos narran en un programa de este tipo son ciertos pero no les parece que se incide demasiado en su exposición negativa, como si se buscara resaltar con saña aspectos tristes que por una lógica común y simple nos hacen pensar que nuestras circunstancias de deudas, de falta de adecuada vivienda, de falta de trabajos bien remunerados, de decadencia del sistema sanitario y social, entre otros muchos problemas, al final no sean tan “malos” e importantes ya que el mundo está mucho peor?. A este ejercicio insidioso de exponer la desgracia humana algunos lo llaman morbo, que al no tener medida se auto alimenta a sí misma en una espiral que no tiene fin.

 

La información que recibe un niño es de exclusiva responsabilidad de los padres.

 

Está muy bien que se denuncie un hecho violento como la pelea entre dos personas adultas como algo que entrega un mensaje negativo, pero en el fondo, resulta casi ridículo si lo comparamos con la violencia que se entrega en los medios masivos de comunicación, la sociedad en general y en los productos que la sociedad de consumo entrega a nuestros niños.

 

 

 

Oswaldo Rocha

 

Zaragoza, Enero del 2007

 

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