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TERREMOTO EN EL PERU
El Perú ha sufrido hace algunas semanas un terremoto de consecuencias catastróficas. Ciudades enteras como Ica, Pisco, Chincha y Cañete han desaparecido del mapa. Todas ellas ubicadas a varios kilómetros al sur de Lima, la capital, en donde se llevaron un tremendo susto también. Cuando suceden este tipo de desgracias se ven inmediatamente desnudadas las miserias de un país tercermundista. Parece que en nuestro país ciertas cosas no terminan de tomarse en serio y se espera que la divinidad o el espíritu santo sean los encargados de brindar seguridad y coherencia. Queda claro que ante este sismo, como en los anteriores, el gobierno de turno no estuvo suficientemente preparado para enfrentar organizadamente un evento tan devastador. Se por testimonios de primera mano que apenas ocurrido el siniestro las comunicaciones telefónicas se vieron interrumpidas en todo el país. Tanto para teléfonos fijos como móviles, lo cual debería ser investigado profundamente porque en este tipo de situaciones las comunicaciones son imprescindibles. Ese día me encontraba trabajando en Inglaterra y cuando me enteré del hecho llamé infructuosamente por mi teléfono móvil. Las horas pasaban y la incertidumbre crecía, llenándome de angustia y desesperación. Es inconcebible que hayan pasado tantos días y no se hayan sabido las causas técnicas (serán, como siempre, simplemente excusas técnicas?) para esta interrupción. Me imagino que las poderosas empresas involucradas no ponen el mismo esmero, los mismos parámetros técnicos cuando se trata de implementar sus redes en un país como el Perú en comparación, por ejemplo, con Europa. Aquí en España un hecho similar hubiera sido motivo de escándalo político y muy probablemente el ministro responsable hubiera puesto su cargo a disposición y los involucrados procesados penalmente. En cambio, en el Perú no pasa nada, o mejor dicho nos pasa de todo, porque este tipo de desgracias nos explotan en la cara de vez en cuando y nos sirven para darnos cuenta que no avanzamos, que seguimos manteniéndonos en la mediocridad de toda la vida, esperanzados en que un nuevo gobierno sea el salvador del país, cuando desde hace mucho tiempo los gobiernos simplemente manejan un estado de crisis de la manera más “económica y políticamente correcta para los intereses internacionales” y así pasarle el problema al siguiente, pero nadie, hasta ahora, ha empezado por construir un proyecto realista y coherente de lo que queremos ser como país y a qué queremos llegar y cuándo. No, en el Perú el tiempo pasa simplemente porque tiene que pasar, los gobiernos se suceden simplemente porque hay que elegirlos cada cinco años, lo mismo que los representantes al parlamento, mientras la lucha por la supervivencia se vuelve cada vez más fría y salvaje y cuando un evento trágico sucede, se confía en la ayuda y la caridad nacional e internacional en lugar de tener una visión, una estructura e instituciones adecuadamente vertebradas que sirvan para prevenir desastres de esta naturaleza en un país proclive a sufrir de este tipo de fenómenos naturales. Nuevamente, y de la manera más cruel, los hechos reafirman que estamos a merced de las circunstancias, que no existe una política de prevención ante movimientos telúricos, que las palabras de nuestro presidente no sirvieron de mucho ante la situación de caos y desamparo de tanta gente.
El presidente Alan García ha hablado mucho (afortunadamente conforme han ido pasando los días está hablando menos) con ese característico estilo suyo para hablar elegantemente sin decir nada importante. Aseguró alegremente que todo estaba bajo control, cuando no era verdad, porque ha reinado el caos y la anarquía demasiado tiempo. La comunidad internacional ha reaccionado rápido pero la logística peruana ha demostrado una incapacidad tan impresionante que muchos colaboradores extranjeros se han mostrado coléricos e irónicos con la “excelente organización” de las autoridades peruanas. Inclusive los bomberos españoles fueron prácticamente expulsados del país porque criticaban demasiado la ineptitud de esas mismas autoridades. Una de las primeras cosas que ha hecho el gobierno es crear una entidad llamada Forsur, que será la encargada de la reconstrucción. Suena a esperanza pero en el fondo es una mentira más. No tengo ninguna duda de que ésta ha sido creada simplemente para favorecer a los empresarios involucrados en esa misma reconstrucción. Una indigna manera de enriquecerse gracias al dolor y muerte de muchos, pero cosas así abundan en el Perú, que es una mezcla de país con mentalidad del siglo XIII con innovaciones tecnológicas de última generación, liderados en esta ocasión por un gobierno lleno de gente mediocre. Basta una mirada al Congreso peruano para que te den ganas de llorar. Un gobierno que insiste en afirmar que crecer gracias a la producción de productos primarios (básicamente de la minería) tiene el mismo significado que la palabra desarrollo no merece ni cinco minutos de atención seria.
Lo mejor, como siempre, ha sido el mismo pueblo peruano. Sin él, la situación hubiera sido peor. Lamento que tanta capacidad para asumir el dolor de manera digna, de seguir adelante en las peores circunstancias, no se canalice en instituciones efectivas en un país proclive a los terremotos, maremotos, tsunamis, huaycos (corrimiento de tierra en zonas montañosas) y todo tipo de desastre natural. Insisto en que se sigue manteniendo la opción de no hacer nada, no existe un comité de desastres permanente, no hay una red de emergencia de telecomunicaciones, no hay una institución que reaccione rápidamente y en el lugar que sea ante un suceso de esta envergadura. Este gobierno no ha hecho lo suficiente para enfrentar este tipo de problemas, como muchos otros, lo cual no me sorprende, porque es un gobierno corrupto y mediocre, reflejo perfecto de lo que significa su pensamiento anacrónico en un mundo cada vez más competitivo.
El 12 de Septiembre de 1820, hace 187 años, en estas mismas tierras desembarcaba el General San Martín para libertar al Perú del Imperio español. Con toda probabilidad, hoy, las mismas injusticias y la misma indiferencia que pretendieron eliminar se sigan manteniendo a pesar del tiempo transcurrido.
Como peruano quiero agradecer las muestras de apoyo de todos los ciudadanos españoles con los que me he encontrado, muchos de los cuales, aparte de las palabras, han contribuido material y económicamente, que es lo importante. Lo mismo para todos aquellos que comprenden que si este mundo se globaliza, automáticamente debería hacerlo en lo que a solidaridad se refiere.
Oswaldo Rocha Zaragoza - España Octubre del 2007
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