DONDE  LA REALIDAD  Y  LA  FICCION  SE  PARECEN  DEMASIADO

 

Qué cosa difícil escribir sobre el Perú!. No por falta de argumentos o temas sobre los cuales tratar, sino por la sensación, entre emocional y racional de sentir que las palabras brotan sin cesar. Es mejor tomarse el tiempo necesario  y pensar muy bien lo que se quiere decir  porque se han dicho demasiadas cosas a lo largo de todos estos años (desde que tengo uso de razón) y a veces a uno le provoca especular si realmente nos merecemos ser un país independiente. Porque si realizamos una evaluación desapasionada sobre los resultados de todos nuestros años de vida republicana estoy seguro de que podríamos sentir justificada vergüenza. Ha habido, y sigue habiendo, una tendencia masoquista y autodestructiva en el país, del que de la misma forma nos enorgullecemos al recordar su pasado para al instante siguiente despreciarlo y a la menor oportunidad esperamos escapar de él. No nos queremos lo suficiente. Vivimos confundidos y añorando lo que no somos y nunca vamos a ser. Lo digo, por ejemplo, por la experiencia que pude tener en mis años escolares, en el barrio donde crecí, una clase media que va desapareciendo, pero que en su momento, y como en todas partes, era la única pensante que trataba de buscar una alternativa ante tanta locura. Nadie, o casi nadie, veia al Perú como algo propio. Todos, eso sí, muy orgullosos a la hora de recordar las gloriosas gestas por la independencia, las batallas ganadas y perdidas (cuyos héroes son menos recordados que un jugador de fútbol); pero al mismo tiempo, cada uno, dentro de su propia realidad, se sentía abandonado por el estado, ese concepto, que junto con el de democracia, deben de ser los menos comprendidos por la mayoría de peruanos. Por que? Simplemente porque la vida no se basa en conceptos ni en historias escritas en un libro, sino en hechos concretos que uno pueda sentir diariamente. Y cómo podríamos sentirnos los peruanos si la inmensa mayoría no tiene las mínimas condiciones de vida digna? No tienen agua potable, luz eléctrica, servicios de salud mínimos. Sin embargo, otra parte de la población (la minoría) vive con todas las comodidades y hace todo lo posible (inclusive crear pequeñas ciudades como Asia) para no reconocer que lo otro también existe y es parte de la realidad. De la realidad de todos. Cómo sentirnos si no tenemos seguridad social o si la tenemos somos maltratados? Cómo sentirnos si la educación nacional es patética y la privada está muy lejos de nuestras posibilidades? Cómo sentirnos si no encontramos trabajo y cuando tenemos la inmensa suerte de conseguir uno nos damos cuenta que cada vez las condiciones laborales son peores?. Podríamos poner millones de ejemplos más, pero sería volver a poner sobre el tapete cuestiones que ya se saben de sobra, que se sufren diariamente, pero no por ello, por su obviedad, se han tratado convenientemente a lo largo de nuestros años de república. Valió la pena la gesta libertaria para encontrarnos 185 años después con todo esto?. No se habrá reemplazado el desprecio del español por el indio (basado en la más absoluta ignorancia) por el desprecio del criollo por el mismo indio? En pocos lugares como el Perú he podido ver que la cuestión de piel es tan importante. Si eres blanco tienes más posibilidades de éxito y mientras más se oscurece el color de tu piel más sentirás que esas posibilidades se esfuman. Ejemplos? Miren los avisos de empleo, son tan racistas que podrían ponerse de ejemplo para elaborar una lista de las mayores estupideces respecto a la búsqueda de trabajo. Cómo un país tan mixto y mezclado de razas puede al mismo tiempo ser tan miope? Lo es simplemente porque, nuevamente insisto, no se quiere ver lo evidente y se hace lo imposible para mirar hacia otro lado.

 

Los aspectos principales de una sociedad se pueden observar en cualquiera de sus aspectos parciales, desde lo aparentemente menos importante hasta lo que, aparentemente también, tiene que ver con las decisiones que afectan a todo un país. De lo primero podemos poner un solo ejemplo: observe el estado del tráfico en Lima y verá claramente reflejada la sociedad: Caos absoluto. La ley de la selva. La ley del más fuerte. Todo esto suena primitivo, es cierto, pero es lo que hay. Reconocerlo es ir directamente en la búsqueda de algo mejor.

 

El aspecto político, patéticamente plasmado en la campaña para las elecciones del día 9 de abril, es otro ejemplo de lo variopinta que es la sociedad peruana. Un candidato, el primero en las encuestas (y probable ganador) cuyos padres hacen declaraciones totalmente fuera de lugar, pidiendo uno la liberación de los asesinos justamente encarcelados por sus crímenes y el otro que dice que se debería fusilar a todos los homosexuales. Creo que ni en la mente más alucinada se hubiera podido fraguar semejante muestra de desprecio por el ser humano, como si siguiéramos viviendo en la edad de las cavernas y los problemas sociales (y sexuales) pudieran resolverse a golpe de piedra y mazazo. Otra candidata, que va segunda en las preferencias electorales y de cuya honestidad personal nadie duda, cambia  de mensaje cada tanto, obviamente reflejando que es mejor no parecerse tanto a sí mismos, para sintonizar mejor con “las clases populares”. Finalmente, una de las más preclaras muestras de lo que la política peruana ha podido crear, el frankenstein de la historia política peruana, el ex presidente más joven de Latinoamérica, la ex esperanza continental, cuyo gobierno fue tan malo, pero tan malo, que de sólo recordarlo nos invade la ira y el dolor, no sólo física sino espiritual. Porque no se pudo haber hecho peor un gobierno, porque habría que tener vocación de burro (con las debidas disculpas a estos nobles animales) y sin embargo fue real, llevando al país a una catástrofe económica que casi nos desaparece de la escena internacional. Todo esto, sucedido hace sólo 16 años, parece haberse olvidado. Eso si es vocación por el masoquismo! Olvidar tan fácilmente cosas como esas, que afectaron la vida de toda la población durante cinco años, dejándonos en la miseria como nos dejaron, es para perder la esperanza en el futuro. Está claro que si algo nos puede enseñar la historia universal es que quien olvida un hecho histórico está condenado a repetirlo. Y a malas repeticiones estamos acostumbrados los peruanos. Pero a pesar de todo eso, seguimos equivocándonos, esperando una nueva elección, esperanzados en una opción, diciéndonos a nosotros mismos que esta vez será diferente, para algunos meses después y con la realidad cruelmente escrita en nuestras narices, despotriquemos contra ella como siempre, como hicieron nuestros padres y nuestros abuelos. Ese maniqueísmo adolescente es un claro ejemplo de un país que aún no se ha dado la oportunidad a sí misma para descubrir qué es lo que es y qué es lo que quiere ser como país.

 

El Perú está entre los 10 productores de oro del mundo y  primero de Latinoamérica. En cobre, plomo y plata es cuarto en el mundo y segundo en América Latina. En producción de estaño y zinc, es tercero en el mundo y primero en América Latina; en bismuto, segundo en el mundo y primero en América Latina. A todo esto agreguemos la producción pesquera: segunda en el mundo y primera en América Latina.  Está claro que por falta de recursos no nos podemos quejar. Sin embargo, teniendo todas estas posibilidades, cómo es posible que se hayan hecho las cosas tan mal?. Además de  todo esto poseemos una cultura con más de 5000 años, teniendo a Caral como la primera civilización de América. Referentes no nos deberían de faltar y sin embargo basta alejarse algunos kilómetros de Lima para encontrarnos con una realidad de pobreza que no se merece ningún ser humano. Estos recursos, hay que empezar a reconocerlo, se van a terminar. Pasaremos de ser exportadores de recursos naturales a ser exportadores de mano de obra barata?. No podríamos ser capaces de una buena vez de ponernos todos de acuerdo en un objetivo común y entregarnos en cuerpo y alma para conseguirlo?.

 

Hay que estar atentos porque el mundo no nos espera ni nunca nos ha esperado. Todo en el universo cambia rápidamente, mientras nosotros nos regodeamos en nuestra propia confusión. Observamos maravillados las cosas que se hacen en otros lugares, olvidando que es posible lograrlas, pero que para ello no vendrá ningún ser superior para ayudarnos, sino que es deber de cada uno de nosotros, en la medida de nuestra responsabilidad, generar espacios para afianzar una autoestima muy venida a menos. Reconocer que hagamos lo que hagamos, deseemos lo que deseemos, siempre vamos a ser peruanos, nos guste o no, en el lugar del mundo donde nos encontremos, es empezar por reconocer algo que siempre ha estado delante de nuestras narices. Que ser blanco, rubio, trigueño, moreno, negro, cobrizo, alto o bajo, gordo o delgado, debería ser un orgullo para todos, por tener diversidad y esperanza y que lo único que deberíamos reconocer es que todos tenemos el mismo ADN y que dentro de cada uno de nosotros late un corazón.   

 

Oswaldo Rocha

 Zaragoza, España, Abril del 2006.

 

INICIO 

  IR ARRIBA