|
UN PUNTO DE VISTA ACERCA DEL PERU Y EL TEMA INDIGO
Contínuamente puedo ver como en muchos países de habla hispana se organizan grupos de interés, se realizan charlas, se dan todo tipo de talleres, conferencias, muchas y variadas actividades dirigidas a los interesados en el tema de la Conciencia índigo, para muchos conocido como el tema de los niños índigo.
Escribí en muchas partes…menos en el Perú.
Hay alguna característica especial que vibre en la atmósfera que haga que las actitudes sociales de otros países hagan una diferencia tan fuerte que no permita que iniciativas de este tipo puedan darse en este país?. Siempre me llamó la atención ese proceso doloroso y autodestructivo de negarnos a nosotros mismos, como si reconocer virtudes en otros coterráneos fuera algo que nos pudiera perjudicar en nuestra salud.
Pienso que el problema en este caso es el mismo que desde siempre he podido observar aquí, y que puede apreciarse en cualquier campo de la sociedad: El peor enemigo del peruano es…el propio peruano. Vivimos desde hace mucho tiempo una realidad tan dura que eso nos ha creado una careta que nos impide, muchas veces, ver la realidad como realmente es. Hemos perdido la perspectiva de las cosas, y la supervivencia en medio de esta sociedad salvaje nos resulta una carga demasiado pesada como para darnos el tiempo de pensar un poco mejor las cosas. Cunde el pánico y la desconfianza más absoluta. Nadie cree en nadie. Todos somos sospechosos de esconder algo o de un ánimo de aprovechamiento personal.
Deberíamos empezar por reconocer que es absolutamente cierto, pero al mismo tiempo es muy injusto hacer una generalización. Es muy interesante observar que desde que el país es una república (y que sería necesario profundizar en otro artículo), vemos repetidos todos estos desatinos, reincidiendo en esta vocación trágica por hacernos daño a nosotros mismos. Por otro lado, siendo totalmente honestos, esto se ha dado y se da en gran medida por responsabilidad nuestra. Nadie nos impuso las cosas por decreto, se nos dieron las herramientas para tomar nuestro propio destino en nuestras manos y siempre terminamos equivocándonos. Elegimos malos presidentes, malos congresistas, malas autoridades, en quienes muchas veces ponemos todas nuestras esperanzas (lo cual demuestra falta de estabilidad emocional) para al cabo de unos meses, terminar odiándola con todas nuestras fuerzas. Eso no es serio, tampoco es sano. Considero que vivimos en una sociedad quebrada psicológicamente, que arrastra taras desde tiempos de la conquista, pero eso no justifica que viviendo ya en el siglo XXI sigamos pretendiendo negar las causas de todo esto. El Perú es, en gran medida, lo que nosotros hemos permitido que sea. Deberíamos aprender a reconocer que cada uno desde su propio espacio tiene una responsabilidad. Desde el más humilde trabajador hasta la cabeza del Poder Ejecutivo. Hay esferas de responsabilidad más decisivas que otras, es cierto, y será la historia quien las juzgue. Sin embargo, se me ocurre pensar que el resto de la sociedad observa impasible y con desinterés las cosas que suceden. En todo orden de cosas cosechamos lo que nosotros mismos sembramos. Es por eso que mientras no nos demos cuenta que hemos nacido en el mismo país, multicultural, multirracial, con grandes injusticias sociales y procesos de autoreconocimiento no resueltos aún, poco podrán cambiar las cosas. Las soluciones mágicas no existen, y ellas no pueden ser sacadas de ningún grimorio.
Esta misma actitud veo en las pocas iniciativas que se han dado en nuestro país respecto al tema de los niños índigo. Por un lado, y esta es una característica muy nacional, mucha gente cree que el tema ofrece un filón del cual agarrarse para aprovecharlo en beneficio propio. Es decir, actúan llevados por su propio egoísmo antes que mirar las cosas de una manera responsable. Esto ha ido creando aún mayor desconfianza y confusión en un ambiente de por sí ya bastante desconfiado, lo cual pude apreciar en su momento lleno de pavor porque sabía que esas iban a ser, exactamente, las consecuencias de dicha actitud. Por otro lado, las iniciativas serias y excentas de egoísmo, es decir, concientes, a pesar del esfuerzo, caen en el mismo saco de desconfianza generalizada. Las veces que algo quise hacer, o decir, fue siempre bajo esos parámetros de desconcierto y de sociedad desagregada en millones de realidades que juntas, van creando una gran malla de confusión. Deberíamos darnos cuenta de que viviendo en la confusión sólo atraemos mayor confusión. Deberíamos darnos entre nosotros la oportunidad de reconocer que pueden existir personas, que si bien no lo saben todo, por lo menos algo nos pueden decir. Eso por un lado, porque al respecto existe también la idea de que si alguna persona va a hablar sobre determinada cuestión debe de estar avalado por un currículo impresionante, lo cual parece que da una imagen de seriedad muy necesaria en estos tiempos de reglas de mercado. Es verdad que un tenista no podría disertar sobre física nuclear y que probablemente un ingeniero de minas no pueda explicarnos adecuadamente cuales son los procesos implicados en un diagnóstico de hiperactividad. Pero eso no descalifica, necesariamente, a alguien que lleva años estudiando un tema como el de los niños índigo, sin ser, necesariamente, médico o psicólogo. Aquí considero que se debería aplicar un criterio más abierto y menos rígido, que es el que sostiene que el que sabe algo lo ha hecho independientemente de su estado social, intelectual, de estudios, etc, pues tiene la inteligencia y actitud suficientes. Por otro lado, un profesional lleno de cartones no garantiza, necesariamente, un exacto conocimiento de alguna cuestión en particular.
Así, pues, estamos viendo pasar el tiempo bajo estos criterios y no estamos haciendo gran cosa. Hasta Cuándo?.
Publico mis artículos en este espacio virtual que es el internet. Es mi refugio. Mi trinchera desde la cual puedo opinar sin ser juzgado, sin ser tamizado por ideas absurdas o ideas preconcebidas. Y así seguirá siendo hasta que vea que algo más se puede hacer en este país al que amo, pero que veo inmerso en un mar de indeterminación.
Oswaldo Rocha
|