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Antecedentes
En
el año 1991 la situación en el Perú era tan extrema que millones de peruanos
salían del país desesperados para buscar un mejor porvenir en cualquier parte.
Quedaba claro que el país sí tenía salida: El Aeropuerto.
Viví 3 años en Japón, trabajando de obrero en todo tipo de industrias,
alimenticia, de la construcción, automotriz, etc y tuve la suerte de regresar al
Perú completo, ya que sufrir un accidente era muy normal para los extranjeros en
Japón, porque se nos daban siempre los trabajos más duros y peligrosos.
Llegaba nuevamente, después de tres años, a insertarme en la sociedad, no
sabiendo bien por dónde empezar. Las cosas habían cambiado pero en el sentido
macroeconómico, había estabilidad y casi cero inflación, pero la pobreza y el
desempleo estaban muy lejanos de ser erradicados. Conseguí un trabajo de
vendedor (con lo que me cuesta a mi hablar!) y recuerdo que un buen día decidí
visitar a mi viejo amigo Luciano. Fui a visitarlo a su oficina, que estaba en su
misma casa, nuestro barrio de toda la vida, Magdalena del Mar, distrito mágico y
neblinoso por naturaleza. Conversamos y aceptó tomar el seguro de la AFP
(Administradora de Fondos de Pensiones) que le ofrecí, pero lo mejor fue que
quedamos para intentar hacer algo juntos. Así nacía CENIZAS. En ese momento aún
no sabíamos que nombre ponerle a este nuevo
proyecto. Luciano tenía una guitarra eléctrica y yo un excelente bajo YAMAHA,
adquirido en Tokyo, un amplificador y una pedalera de efectos de guitarra
(comprada en una oferta en tierra niponas). Un buen amigo, Luis Málaga, nos
prestó una pequeña batería electrónica y un amplificador de guitarra. Al poco
tiempo, Luis se unió al proyecto, que seguía sin tener nombre. Como la batería
electrónica tenía sus limitaciones, decidimos buscar un baterista. Recuerdo que
en ese entonces íbamos a ensayar a una sala por la que seguramente han pasado la
mayoría de las bandas de Lima, la de Pancho Muller. Desde los ochentas, esa sala
se había convertido en el lugar más conocido para los grupos de rock. Un buen
día decidimos preguntarle a Pancho si no conocía a algún buen baterista que nos
pudiera recomendar. Nos dijo que conocía a un muchacho muy joven que tocaba muy
bien y que probablemente aceptara tocar con nosotros. Ese joven resulto ser
Fabián Paredes, y a la semana siguiente estaba puntual (virtud que nunca perdió
afortunadamente), y en sólo un ensayo se acopló perfectamente y así completó la
formación.
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Uno de los
primeros ensayos en el garage de Luciano.
Fabián
llevaba cada fin de semana su Batería. Los
vecinos
comenzaron a odiarnos. |
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